Mostrando entradas con la etiqueta Internacional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Internacional. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de octubre de 2017

Autodeterminación y represión en Cataluña


Tras el referéndum del 1ro de Octubre, que fue duramente reprimido por el Estado español, pero que igualmente se calcula que votó casi el 60 por ciento de los catalanes, y una gran mayoría a favor de la independencia. Mientras el Rey, el Gobierno de Rajoy y los partidos españolistas cierra filas defendiendo la unidad a la fuerza, el presidente catalán Puigdemont evita responder si declaró la independencia o no, demostrando el carácter cobarde de la burguesía, que no toma medida para impedir la ida de capitales, y que por esto mismo no quiere ir hasta las últimas consecuencias.    
Mientras tanto el Tribunal Constitucional (TC) del Estado español declaró, por unanimidad, inconstitucionalidad y nula la ley del referéndum aprobada por el Parlament de Cataluña el pasado 6 de septiembre. El fallo, adoptado por unanimidad por este tribunal, acepta el recurso del Gobierno de Mariano Rajoy contra la norma aprobada por el Parlament, que motivó la posterior convocatoria del referéndum el 1ro de Octubre. Lo que dió pie a la amenaza de intervención a Cataluña del Estado español, si el próximo jueves no retrocede el gobierno catalán. 
Al mismo tiempo, y como parte de esta ofensiva política y jurídica del Estado español, los dirigentes de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), Jordi Sánchez, y Òmnium Cultura, Jordi Cuixart, han sido encarcelados sin derecho a fianza, según la orden la jueza de la Audiencia Nacional, acusados del delito de “sedición” para lograr la independencia de Cataluña.
Se vienen realizando grandes movilizaciones en Cataluña. Pero frente a este atropello, a los mínimos derechos democráticos de todo pueblo, a elegir su destino, la clase obrera española no puede mirar para otro lado. También tiene que movilizarse y exigir a la UGT y la CC.OO una huelga general y un plan de lucha que unifique las reivindicaciones políticas y económicas; contra la monarquía y el gobierno explotador y opresor de Rajoy. 
 
Abajo la monarquía y el capitalismo:
● Contra los ajustes y las reformas laborales
● Por el derecho a la autodeterminación de los pueblos
● No a la represión, libertad a los presos políticos
● Por la Huelga General
● Por una República Obrera y Socialista en una España plurinacional


M.R


martes, 20 de diciembre de 2016

¿Qué significa la victoria de Trump?



El 20 de Enero del 2017 Donald Trump asumirá como presidente de los Estados Unidos. Como todavía no asumió, es imposible decir qué hará. Sin embargo, en su campaña ya declaró cómo planea gobernar y junto a esto las declaraciones de distintos jefes de estado y de analistas políticos nos permiten anticipar algunas de sus medidas. En este artículo analizaremos algunas, y lo que Trump significa para el mundo.

¿Cómo y por qué ganó Trump?

En Argentina estamos acostumbrados a hablar y escuchar hablar de los Estados Unidos como el país de la seriedad y la democracia. Sin embargo en este país Trump ganó a pesar de que el voto popular fué para Hillary Clinton. Ella obtuvo unos 2 millones de votos de ventaja sobre Trump. Pero en Estados Unidos la votación es indirecta; los votantes votan representantes en el colegio electoral y éstos votan quién será el próximo presidente. Así, lo que importa no es ganar la popularidad de los votos, sino la mayor cantidad de estados. Pero aparte, en ese país el voto no es obligatorio, lo que significa que si un trabajador quiere ir a votar entonces pierde el día, porque las votaciones suelen hacerse en día de semana (en esta oportunidad fue un día martes). En este caso, la población que voto fue sólo el 55% de la población legible para votar. De ellos, los sectores de la clase media empobrecida favorecieron a Trump.
Aunque este reaccionario imperialista es un millonario, financió su campaña con su propio dinero y no recibió el apoyo monetario del Wall Street, como sí lo hiciera Clinton. Él se aferró de esto y prometió trabajos y volver a hacer de los Estados Unidos una nación grande como antaño, culpando de sus desastres a los islamitas e inmigrantes. Con ese discurso y en esas condiciones, Trump ganó. 

¿En qué contexto asumirá Trump?

Internacionalmente los Estados Unidos se enfrentan a pantanos económicos y geopolíticos. Económicamente, los acuerdos como el TTP, TTIP, NAFTA y su pertenencia a la OTAN son un costo constante. Y geopolíticamente Siria y Ucrania, junto a las relaciones con Rusia y China son las papas que más queman.
Empezando por lo económico, los acuerdos como el TTP le generan un gasto a los Estados Unidos muy grande, porque con esta clase de acuerdos Estados Unidos arregló acuerdos laborales y baja de aranceles, lo que hizo más redituable para las empresas de ese país el abandonarlo por otros, donde el costo de mano de obra es más barata, profundizando el desempleo. Entonces, el objetivo de Trump será retirar a los Estados Unidos de todo acuerdo que todavía no haya sido aprobado por el congreso. Es el caso del NAFTA, un acuerdo entre este país, México y Canadá, que fué aprobado por el congreso en 1994 y que Trump buscará renegociar. Frente a la OTAN la situación es otra: a Estados Unidos no le conviene abandonarlo, pero es una fuerte pérdida para él. Lo que hacen entonces es amenazar con retirarse si es que los países miembros de la OTAN no aumentan sus fondos militares.
Trump, aparte de abogar por todo esto, está por un acercamiento con Putin. La guerra civil en Siria es un verdadero pantano y los Estados Unidos no tienen allí a un sólo grupo para usar como cabecera de playa; Siria está llena de contradicciones geopolíticas. Ucrania es también un grave problema para los dos países. Sobre Siria no se sabe concretamente que es lo que se planea, pero llegó a ventilarse que Estados Unidos podría cederle Crimea a Rusia si ésta ayudara a desmantelar a las Repúblicas Populares de Donetsk y Luhansk. Todo esto favorecería a Rusia que está enfrentando una nueva crisis, la de los hidrocarburos, tras las sanciones impuestas por la OTAN por el conflicto ucraniano.
China, por otro lado, no esta tan en ventaja como Rusia. Trump quiere que las empresas estadounidenses que se radicaron allí regresen. Para ello estas necesitan que el costo laboral se reduzca aún más. Por eso Trump combinara una bestial flexibilización laboral y políticas neoliberales de su país con otros, con un proteccionismo contra los acuerdos de libre comercio.
Volvamos a la TPP. Su objetivo había sido el evitar el aumento de poder sobre la región asiática de China; pero si Estados Unidos se retira, China está preparada para reemplazarlo y formar el FTAAP; ya Chile, uno de los miembros de este acuerdo, aclaró que está a favor de su entrada. Trump se adelanta a ésto y aboga por un aumento arancelar sobre los productos chinos del 45%.
El aumento del valor del dólar asume también otro poder para los Estados Unidos: hace que la inflación de los otros países aumente, entre ellos China.
¿Y nacionalmente? Trump se enfrenta a unos Estados Unidos convulsionado. La clase obrera tiene salarios que están por debajo de la línea de la pobreza, crece el desempleo, las matanzas entre estudiantes, los movimientos contra el racismo (Black Lives Mater), etc. Para combatir todo eso Trump se llenó de un discurso para culpabilizar a los inmigrantes ilegales y también a los musulmanes como los principales responsables. Su objetivo es derechizar la opinión de las masas para que éstas le permitan dar los pasos necesarios para la flexibilización laboral que necesita. Pero para eso también tiene que generar algunos logros.
Trump adelantó que se gestaría un nuevo re-endeudamiento para así tener dinero para generar una obra de reestructuración de la infraestructura de Estados Unidos. De esta forma podrá generar puestos de empleo. Y de esta forma será capaz de reducir los impuestos a las empresas privadas de un 35% un 15%, aligerar la regulación de Wall Street, y atacar los programas de atención social, etc. Así es como planea Trump que las empresas que se radicaron en China y otros países vuelvan a los Estados Unidos: haciendo de su país un paraíso neo-liberal donde trabajar, y para afuera de sus fronteras, un pantano proteccionista.
Estados Unidos no será dirigido por ningún loco. Trump llegó hasta su puesto con un plan económico determinado por una razón: el desarrollo desigual y combinado de la actual crisis capitalista redujo las fuerzas de este país y ya no es el gran gendarme del mundo. Irak, Afganistán, Siria, Libia y Ucrania son sólo algunos ejemplos. Tiene la misión de recomponerse. Para eso buscará recrear su economía, pactar la paz donde no pueda involucrarse y esperar a que sus condiciones mejoren para hacer nuevas guerras y repartirse más zonas de influencia y así tratar de volver a ser lo que era.

Siria e Irak: dos pantanos



A principios de Octubre las fuerzas armadas de Irak y los Peshmerga kurdos de Barzani, junto con la ayuda militar y logística de Turquía. Inglaterra y Estados Unidos, lanzaron una ofensiva contra Daesh para recuperar Mosul, la segunda ciudad de importancia en todo el país.  Y el 5 de Noviembre, en Siria, las Fuerzas Democráticas de Siria lanzaron la operación “Ira del Eufrates” también contra Daesh, que a los pocos días se suspendió porque el grupo rebelde sirio pro-Turquía lanzo una ofensiva para tomar al-Bab. Mientras se escriben estas líneas no se sabe el posible resultado de estas batallas o sus impredecibles cambios, pero podemos estar seguros que estamos frente momentos decisivos para terminar con la revolución democrática en Siria y repartirse los mercados y zonas de influencia de este país e Irak entre los países imperialistas, Rusia y sus agentes.

En Irak

El especialista británico en Irak, el General Rupert Jones, le explico a The Guardian que “habremos terminado con Daesh en Irak para mediados del año entrante” y aclaro su desaprobación con los dichos de Trump en su campaña electoral sobre bombardear todas las posiciones del grupo. No es para menos. Daesh controla uno de los principales yacimientos petrolíferos de la región y es algo que los imperialistas no se pueden permitir perder. Pero más allá de los intereses económicos de los países imperialistas, existen los intereses geo-políticos. Los Estados Unidos están tranquilos: el gobierno iraquí necesito de su ayuda (y de la de otros países imperialistas) para empezar a derrotar a Daesh. Saben que, cualquiera sea el gobierno que quede en el poder, le deberán y mucho. No es así para el caso de Turquía, Irán y el propio Irak.
Irak no solo acordó con los Estados Unidos, Inglaterra y otros países que se apostaran ejércitos suyos como apoyo logístico contra Daesh: también se lo permitió a las Fuerzas Populares de Movilización, una milicia islámica que sigue una de sus ramas, el Shia, que es la practicada también por la mayoría en el gobierno iraquí y en sus elites patronales. El Sunni, otra rama del Islam, es la preponderante en el país. La participación de las reaccionarias FPM (que abusando de su poder, “limpian” las zonas recuperadas de personas sunníes) se da para cumplir con dos objetivos. Uno es interno, y es tratar de desplazar de la zona a los sunníes poderosos y que sean dirigidas por shiita. La otra es externa y significa una alianza con Irán y, en consecuencia, también Rusia (sin dejar de aliarse a los Estados Unidos). Esto también significa un enfrentamiento contra los poderes regionales más importantes: Turquía y Arabia Saudita, cuyos gobernantes son mayoría Sunni.
Turquía, por su parte, quiere demostrar su poder en la región. Ya se lo había demostrado a los Estados Unidos cuando logro parar el golpe de estado, y aun retiene el poder de decidir si abre la puerta del mundo islámico a Europa o no. Pero tras el golpe, Erdogan desecho a un aproximado 50% de sus fuerzas. Por eso su entrada en Siria y su intento por participar de la toma de Mosul tienen un gran interés geo-político. En el caso de Irak, Turquía no quiere que la burguesía shiita se quede con el control de todo Irak y exige que cuando Mosul sea liberado este no tenga cambios. Pero exigir no es suficiente, por eso busca la forma de tener la excusa para entrar. Los Estados Unidos no le darán su aprobación porque esto le daría más poder y necesitan debilitarla. Pero si Turquía llega a acordar con los Peshmerga de Barzani, podría entrar. En cualquier caso el gobierno iraquí ya adelanto que si Turquía entrara será considerada invasora y los combatirán.

¿Y en Siria?

En Siria la situación es otra. Tras la sangrienta guerra civil se esconde una legítima revolución democrática contra Bashar al-Assad que se expresa en los Consejos de Coordinación Locales Independientes. Pero la fuerza de este (financiado por Rusia), las fragmentaciones de los distintos grupos burgueses pro-imperialistas y el sectarismo de los kurdos de Rojava en participar en los primeros años de la misma hacen de la situación un verdadero pantano, no solo ya para la revolución en sí misma, sino también para las potencias imperialistas involucradas en Siria.
Mientras al-Assad recaptura Aleppo, las FDS lanzaron su ofensiva contra Daesh. Esta ofensiva tenia dos objetivos: el primero era avanzar hacia Raqqa, la capital del califato. El segundo es poder armar un corredor entre Efrin y el resto de Rojava. Entre estos dos puestos de los kurdos se encuentra el grupo de rebeldes que apoya Turquía en la región. Turquía necesita derrotar a los kurdos en Siria para poder vencer a si los que tiene en Bakur, al sur de su país. Pero aparte, necesita liderar el derrocamiento de Daesh y de al-Assad para consolidar su poder en la región. Por eso es que empezó con la construcción una base militar en Aktarin, Siria. También empezó recientemente el combate para tomar al-Bab de Daesh y al-Assad. Si lo logra, tendrá en su poder más terreno para evitar la unificación de Rojava. Y de allí, intentaran tomar Manbij.
Los kurdos, por su parte, también quieren tomar al-Bab y Manbij y cuentan para eso con los Consejos Locales de Manbij y al-Bab. Sin embargo, la operación de Turquía entorpeció todo y su derrota será el paso previo para que estas puedan imponerse. De ser así, las FDS estarán mejor posicionadas para vencer a Daesh y a Turquía. Pero aparte las FDS han pactado con al-Assad
Por su parte los Estados Unidos están en una encrucijada: tanto Turquía como las FDS son sus aliados en Siria, y están los dos peleados a muerte! No pueden permitir que los kurdos tengan su propio país, porque las zonas que reclaman lo harían un país poderoso regionalmente. Sin embargo, tampoco puede permitirse una victoria aplastante de Turquía por el juego propio de esta. Es por eso que Trump ha barajado la posibilidad de llegar a un acuerdo con Rusia para terminar con la guerra civil en Siria. El pantano es gigantesco, y ya no sacan redito del mismo.
Entonces, aunque Daesh este, por sus propias fuerzas, cerca de estar acabado, puede ser capaz de revertir la situación si es capaz de aprovecharse de las contradicciones de sus enemigos.
De cualquier forma, la revolución Siria será aplastada. La única salida obrera para este país es la que hemos hecho como miembros del CO-ICOR y que aparece en nuestra declaración. Para Irak, en cambio, no existe otra respuesta de clase que gritar “esta no es nuestra guerra” y luchar por el derrotismo revolucionario.

La segunda muerte de Fidel Castro



La muerte de Fidel Castro no sólo es la muerte del último mito político viviente de la Segunda post-Guerra, y ya a más de 20 años de la etapa post-URSS, es también la muerte de una singularidad política que no se va a volver a repetir.
Es que Fidel Castro, siendo abogado y militante de un partido burgués como era el Partido Ortodoxo –el Che Guevara comparaba a ese partido con el Partido Radical argentino–, emprende una lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, dictador y títere norteamericano, que lo lleva a ir más allá de lo que originariamente pensó. Incluso, ya habiendo derrocado a Batista, Castro va a los EE.UU. y el presidente Eisenhower se niega a recibirlo mientras al mismo tiempo continuaban las presiones, ataques y conspiraciones norteamericanas sobre la isla.
Y aquí comienza el gran mérito de Castro que lo hace irrepetible: siendo un político burgués, va más allá y expropia a la burguesía y al imperialismo. Esto es; entre la presión de las masas revolucionarias y el imperialismo elige a las masas. 
Se podrá decir que eso pudo ser posible porque existía la URSS que le dió la colaboración económica que tanto necesitó Cuba de entrada, o que a finales de los años '40 y principios de los '50 hubieron procesos en varios países donde se expropió a la burguesía y al imperialismo. Todo eso es cierto, pero no le quita el mérito por dos motivos; primero, por tratarse de una dirección política burguesa anti-imperialista, con composición social pequeño-burguesa, termina con la burguesía y con los intereses de la burguesía más poderosa del mundo.  Eso era, y siguió siendo, algo nunca visto. Y segundo porque no se realizaba este proceso revolucionario en un remoto lugar de Asia, sino a pocas millas del país imperialista que a menos de 15 años había triunfado en la II Guerra Mundial, derrotando a otros imperialismos.
Fue esa gesta histórica que le dió a Fidel Castro un halo mítico que conservó durante muchas décadas. Incluso cuando ya en los años '70 dejó de impulsar movimientos revolucionarios y progresivamente se fue haciendo más conservador, proceso que comienza años atrás con la fusión del Movimiento 26 de julio con el stalinista Partido Socialista Popular que había estado en contra de la revolución pero ni bien ésta triunfó se fue reacomodando. Y por intermedio de esta fracción del ahora PC cubano se fueron imponiendo las posiciones de la burocracia rusa, tanto en la isla como en el plano internacional. Este acercamiento político a Moscú llevó al distanciamiento progresivo con el Che Guevara que cuestiona la política del stalinismo en el famoso discurso de Argel. Para posteriormente irse de Cuba a expandir la revolución intentando recrear las condiciones de la revolución cubana.
Durante toda la década del '70 la intervención cubana en África (Angola, Mozambique, etc., etc.) fue en apoyo de los movimientos de liberación pero no para que el proceso avance hacia la expropiación de las frágiles burguesías nativas (mucho más débiles de lo que era la cubana), sino para apuntalarlas desarrollando partidos poli-clasistas, como Frentes Populares, con el único objetivo del desarrollo de la burguesía nacional.
 En Cuba, a pesar del manejo burocrático de la economía –que partía de aceptar el monocultivo impuesto por la URSS imposibilitándole así cualquier desarrollo industrial– y de los privilegios de esa casta parasitaria que controlaba el Estado y el plan, Cuba llegó a ser el país de toda Latinoamérica con mejores indicadores en salud y educación, y con trabajo para todos. Esas conquistas sociales se lograron con la expropiación de la burguesía y con la planificación económica, y son las grandes conquistas de la revolución.
Pero al igual que en África, y como contracara de lo que ocurría en Cuba, en Centroamérica frenó la revolución a finales de los '70 y principios de los '80, cuando Fidel Castro le aconsejaba a los sandinistas que no hagan de Nicaragua una nueva Cuba, o sea, que no expropien a la burguesía, y le exigía al Frente de Liberación Farabundo Martí de El Salvador, que ni haga lo que se hizo en Nicaragua. Y Fidel Castro coronaba todo eso, a fines de los 80, con el apoyo a nefastos presidentes como el venezolano Andrés Pérez, que a los pocos meses de su asunción reprimió ferozmente la rebelión popular llamada “El Caracazo”; y a diferentes presidentes del PRI mexicano.
 Desaparecida la URSS en 1991, Cuba quedó más aislada pagando tributo así a la política contrarrevolucionaria que venía llevando adelante, pero que no cambió, sino más bien profundizó, con la orientación restauracionista de “el periodo especial”. De allí que cuando en México, en 1992, se produjo el alzamiento zapatista, el castrismo se negó a solidarizarse con él. Y en las dos décadas y media siguientes, todo el empeño de la burocracia cubana estuvo en transformase en una nueva burguesía con un plan impuesto desde el Estado. Una especie de “Socialismo de mercado” como dice el discurso de la burocracia china, pero que en Cuba no tiene tal mercado y donde ni de socialismo se habla. Toda esta política restauradora del capitalismo, la burocracia castrista lo justifica diciendo que es para que no vuelvan los gusanos a la isla. Pero para eso debe desarrollarse como burguesía, y como le es muy dificultoso desarrollarse, por su carácter semi-colonial, su gran atraso tecnológico y la propia crisis del capitalismo mundial, se transformará, terminada la restauración, en una burguesía tan explotadora como la que vive en Miami. Es que el capital, y su necesidad intrincada de reproducirse, no tienen ideologías.
 La muerte de Fidel Castro parece cerrar un capítulo de la Historia mundial, muy ligado al período de la Guerra Fría, y de la misma historia de la Cuba actual, pero eso es más simbólico que real. Primero, porque el Fidel Castro revolucionario hacía muchas décadas que había muerto, y después porque la transición o el recambio gubernamental en Cuba está ya programado y en marcha desde antes del 2006. La asunción de Raúl Castro diez años antes del deceso de Fidel creó una especie de bisagra que hace que tanto el régimen con la restauración capitalista marche sin demasiados sobresaltos internos.
Las masas latinoamericanas y sobre todo las cubanas –y los partidos de la izquierda que luchan por la revolución socialista– deben seguir teniendo respeto y admiración al Fidel que derrocó a Batista y cuyo movimiento expropió a la burguesía y al imperialismo. Y al mismo tiempo debe dejar de rendirle culto a quien posteriormente entregaba las revoluciones de otros países para construir el socialismo en un solo país, o sea, en la isla, y que frente al fracaso total de esta concepción stalinista pasó a impulsar la restauración capitalista. Ese Fidel es un enemigo de la clase obrera, porque lo es de la revolución y el Socialismo.
Y es precisamente la clase obrera cubana –y mundial– la única que puede salvar a la revolución, o sea, a sus conquistas sociales. Luchando por la legalización de los partidos obreros, por la independencia de los sindicatos del Estado, por el desarrollos de organismos de clase para ejercer la democracia obrera y expulsar a la burocracia restauracionista del poder.

domingo, 1 de mayo de 2016

Visita de Obama a Cuba:

El imperialismo de los EE.UU. cambia su política; el castrismo no, sigue restaurando el capitalismo en Cuba

La revolución cubana fue durante mucho tiempo la revolución que guio a la mayoría de los luchadores en el mundo y principalmente en América Latina. Era el gran ejemplo a seguir, tanto es así que en las décadas del ’60 y ’70 miles jóvenes perdieron sus vidas tratando de repetir la experiencia de la revolución cubana.
La lucha guerrillera no es un método obrero, es un método utilizado preferentemente por la clase media radicalizada. El triunfo de la revolución cubana sólo fue posible por la combinación de la crisis económica, de la crisis del régimen sanguinario de Fulgencio Batista, de lucha guerrillera encabezada por Fidel Castro y de la huelga general de masas que a último momento aisló aún más al gobierno.
En el contexto de la guerra fría, el triunfo de la revolución cubana, originó una airada respuesta del imperialismo norteamericano. Los ataques, sabotajes y atentados, y la fracasada invasión contrarrevolucionaria de bahía de Cochinos, provocaron una repuesta revolucionaria de las masas cubanas. En 1961 Fidel Castro declaró el inicio de la revolución socialista en Cuba, y los grandes capitalistas y las empresas transnacionales fueron expropiados.
Pero, más allá de los que haya dicho Castro y los stalinistas por el mundo, y repitan los periodistas burgueses; la estatización de los medios de producción no es en sí mismo sinónimo de socialismo, o de revolución socialista. Porque a diferencia de la Revolución Rusa -o Revolución de Octubre-, en Cuba no hubo partido obrero marxista y revolucionario, como fue el Partido Bolchevique, ni fue la clase obrera la vanguardia de la lucha ni surgieron organismos de poder como fueron los Soviet. Y al no tener un partido marxista revolucionario (el factor subjetivo –dirección/consciencia- es determinante) al frente del proceso, no se dieron los revolucionarios cubanos la orientación de construir organismos obreros para ejercer el poder y sin dichos organismos no hay democracia obrera: no hay poder de clase. Y pasado el fulgor revolucionario el régimen de partido único se empezó a burocratizar ganando cada vez más espacio el stalinismo que respondía a la burocracia de la URSS, con su concepción de “socialismo en un sólo país”.
Pero igualmente la revolución cubana fue muy importante, fue la primera y única revolución que expropió a la burguesía en América Latina, y creo un estado semejante a los otros estados donde se expropió (URSS, China, Yugoslavia, etc., etc.) por eso fue correcto llamarlo un Estado Obrero Burocratizado. Todo esto a escasas 90 millas del imperialismo norteamericano, el más fuerte del mundo. Y aún con la conversión stalinista de Fidel Castro, en 1966, desde La Habana se impulsó la conferencia Tricontinental y la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina, y en 1967 creó la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), como organismos encargados de impulsar la lucha anti-imperialista en América Latina y los países del tercer mundo. Pero todo eso se abandonó prontamente con el fracaso de la guerrilla foquista en Bolivia y el asesinato del Che Guevara en 1967, poniendo fin a la etapa de apoyo de Cuba a los movimientos guerrilleros en América Latina. A partir de ese momento, el castrismo hizo un giro en su política, ya no apoyaba los movimientos revolucionarios sino que buscaba aliados entre militares de izquierda o movimientos nacionalistas burgueses. En ese marco no es de extrañar que al Sandinismo le aconsejaron no expropiar a la burguesía en Nicaragua o al Farabundo Martí no tomar el poder en El Salvador, o que hayan apoyado al PRI en México y a Carlos Andrés Pérez en Venezuela en los años ‘80.

Cuba logro sobrevivir al bloqueo del imperialismo norteamericano durante las casi tres décadas siguiente, entre otros factores, por la “ayuda” soviética. La isla por sí sola, a pesar del sacrificio heroico de su pueblo, no podía resistir a más grande potencia imperialista. Desde 1961 hasta 1989, la burocracia del Kremlin apoyó a Fidel Castro con petróleo, tecnología, armas, alimentos y precios subsidiados. Este “ayuda” soviética, vital para la economía de la isla, no fue desinteresada. Los burócratas rusos apoyaron a Castro con el objetivo que éste moderara su política y se transformara en un aliado internacional de la ex URSS. O sea, para que llevara una política contrarrevolucionaria.
Después del derrumbe de la exURSS y de los Estados Obreros Burocratizados de Europa del Este, en 1989/91 y con el pretexto de la sobrevivencia de la revolución, la burocracia cubana inició con firmeza una apertura hacia el capitalismo. Todo eso se escondía detrás de discursos de Fidel Castro a favor de la “patria socialista”, pero se estaban operando cambios graduales, inspirado en el modelo chino y vietnamita, de un lento pero firme proceso de restauración capitalista bajo la férrea mano de la burocracia del Partido Comunista de Cuba.
Esto fue lo que se denominó el “período especial” en los primeros años de los ‘90, que fue de grandes penurias para las masas cubanas. Fue el período en donde hizo falta de todo, mientras los burócratas cubanos recorrían el mundo tratando de convencer a los capitalistas para que invirtieron en la isla. La necesidad apremiante de conseguir capital y materias primas para vencer el hambre, fue la justificación ideológica de estos primeros pasos balbuceantes hacia el capitalismo.
Este proceso de restauración capitalista trajo los primeros cambios políticos, como las reformas a la Constitución en 1995, en donde se introdujo el concepto de propiedad privada. Asimismo, se aprobó, entre otras leyes importantes, la Ley 177 sobre Inversiones Extranjeras, el Decreto 162 sobre Aduanas y el Decreto 165 sobre la creación de Zonas Francas y parques Industriales.
En la medida en que iniciaba un lento pero firme retorno a la economía capitalista, también se reprodujeron las mismas lacras sociales que la revolución había erradicado. Con el auge del turismo ha resurgido la prostitución, los clubes nocturnos y cabarets que el mismo Fidel Castro había clausurado al inicio de la revolución, por considerarlos una afrenta para los cubanos. Pero ahora todo eso, como es son una necesidad para el turismo de Europeos, canadienses y norteamericanos, es visto con buenos ojos y buscan justificarlo.
Antes del triunfo de la revolución en 1959, Cuba vivía esencialmente del turismo y la venta de azúcar. Ahora, el castrismo pretende salir de la bancarrota entrando al mismo camino. La lógica es de hierro, ya lo previó León Trotsky en La revolución traicionada, al analizar a la burocracia stalinista. Esta hará cualquier cosa, hasta llevar nuevamente a Cuba a ser una semi-colonia pobre, antes de perder sus privilegios de casta. Pero nunca impulsará la revolución socialista mundial, porque eso es inclinar la balanza en favor de la igualdad, y la burocracia stalinista que se dice “comunista”, no era ni es para nada comunista.
La reciente vista de Obama a Cuba, tras la reapertura de la embajada norteamericana el año pasado, marca el cambio de la política del imperialismo que no quiere quedarse sin el negocio de la restauración capitalista en la isla, pero en esto no hay ningún cambio en la burocracia castrista. Hoy el levantamiento del bloque económico, que sólo era llevado adelante por dos países (EE.UU. e Israel), no significa nada más que el aceleramiento de la restauración capitalista. O mejor dicho; el más rápido desarrollo capitalista de Cuba.
Mientras tanto el imperialismo norteamericano y la naciente burguesía cubana, surgida de las entrañas de la burocracia castrista, buscan el recambio más conveniente ante la inminente desaparición física de Fidel y Raúl Castro, y de toda la generación que encabezó la revolución.
Sin embargo no todo es cielo despejado para la burguesía y la burocracia castrista. Hay un actor que como un tigre está agazapado esperando el momento de saltar; nos referimos a los gusanos cubanos en el exilio que reclaman la indemnización sobre sus bienes expropiados (y la indemnización por décadas de lucro cesante, que se trata de miles de millones de dólares) que esperan el momento para volver, porque saben que el imperialismo de ellos no se van a olvidar y saben también que cuanto más semi-colonial y pobre sea Cuba más necesitará de la ayuda Norteamericana y más fuerza tendrá EE.UU para imponer condiciones. Y esto entrará en contradicción y posible colisión con la burguesía castrista en la isla.
Los socialistas revolucionarios de la LCT no tomamos partido por ninguno de estos bandos, porque ambos son pro-capitalistas, pero si hubiera una invasión norteamericano o una guerra civil entre la burguesía gusana y la burguesía castrista no dudaremos en situarnos en el campo militar de ésta última pero manteniendo total independencia política para luchar por una salida obrera y socialista. Porque, la misma historia de Cuba lo demuestra, sólo la clase obrera construyendo una dirección revolucionaria sacará del atraso y la opresión imperialista a Cuba, y a todos los países semi-coloniales del mundo.
Sin embargo no todo es cielo despejado para la burguesía y la burocracia castrista. Hay un actor que como un tigre está agazapado esperando el momento de saltar; nos referimos a los gusanos cubanos en el exilio que reclaman la indemnización sobre sus bienes expropiados (y la indemnización por décadas de lucro cesante que se trata de miles de millones de dólares) y que esperan el momento para volver, porque saben que el imperialismo de ellos no se van a olvidar y saben también que cuanto más semi-colonial y pobre sea Cuba más necesitará de la ayuda Norteamericana y más fuerza tendrá EE.UU para imponer condiciones.  Y esto entrará en contradicción y posible colisión con la burguesía castrista en la isla.

Los socialistas revolucionarios de la LCT no tomamos partido por ninguno de estos bandos, porque ambos son pro-capitalistas, pero si hubiera una invasión norteamericano o una guerra civil entre la burguesía gusana y la burguesía castrista no dudaremos en situarnos en el campo militar de ésta última pero manteniendo total independencia política para luchar por una salida obrera y socialista. Porque, como la misma historia de Cuba lo demuestra, sólo la clase obrera construyendo una dirección revolucionaria sacará del atraso y la opresión imperialista a Cuba, y a todos los países semi-coloniales del mundo.