martes, 20 de diciembre de 2016

Revolución Rusa

A 99 años de la más grande Revolución del siglo XX

Estamos a un año del centenario de la Revolución Rusa, o Revolución de Octubre como también se la conoce, porque se realizó en octubre de 1917 del viejo calendario ruso (7 de noviembre, del nuevo calendario que los bolcheviques instauraron). La revolución rusa se realizó bajo tres consignas centrales: Paz, Pan y Tierra. Paz para terminar con la guerra en la que el zarismo había metido a Rusia, Pan por la misma hambruna que había generado la guerra y Tierra para terminar con la nobleza que la poseía y para poder repartirla entre los campesinos pobres. Y como la revolución de Febrero y el gobierno provisional que de allí surgió, no resolvieron ninguno de estos problemas, las masas, influenciadas por las consignas bolcheviques, avanzaron hacia ver en el poder de los Soviets, y sus consignas la solución a sus necesidades inmediatas.
Sin embargo, la Revolución Rusa no fue un hecho de un día, ni siquiera de unos pocos meses. Como desarrollo histórico objetivo se trató de tres revoluciones juntas; de la revolución de 1905, de la revolución de febrero de 1917 y la misma revolución rusa de octubre. Pero al mismo tiempo, la revolución de octubre no hubiera triunfado sin el elemento decisivo que fué el partido socialista, obrero y revolucionario fundado por Lenin.
Y ese partido, conocido como bolchevique –que significa mayoría, porque era una fracción mayoritaria del Partido Obrero Social Demócrata Ruso (POSDR)– surgió en 1903 como una fracción del POSDR pero que pasó a ser independiente en 1912. Era un partido obrero socialista de combate y así fue pensado por Lenin para actuar frente a la aguda represión de la dictadura zarista.
Este partido, cuyos principales dirigentes, fundamentalmente Vladimir Lenin, fueron acumulando experiencia junto a las masas en las dos revoluciones previas y sacando conclusiones que posibilitaron el triunfo de la revolución de Octubre.
Esa es la gran diferencia entre la revolución burguesa, y por ende capitalista, con la revolución proletaria y socialista. En la primera son los factores objetivos los que tienen la primacía en el proceso revolucionario, y en la segunda son los factores subjetivos, o sea, su planificación consciente.
Y la revolución rusa combinó elementos de revolución burguesa con elementos de revolución socialista. De allí lo acertado de la teoría de la revolución permanente de Trotsky, formulada por primera vez en 1906, que planteaba que las tareas democráticas del programa burgués que la burguesía se negaba a llevar adelante, porque le tenía más miedo a que la clase obrera se pusiera en movimiento que al zarismo. De esa forma Trotsky se da cuenta de que las tareas democráticas de la revolución burguesa sólo podían ser llevadas a fondo con la clase obrera en el poder, aunque para eso le faltaba el partido obrero revolucionario. Pero, después de la Revolución de Febrero de 1917, cuando Lenin vuelve del exilio pone en discusión un texto, conocido como las Tesis de Abril, y corrige el rumbo anterior –que venía de plantear la lucha por una dictadura democrática obrera y campesina, en el marco del capitalismo–, planteando ahora que el partido debía luchar por la toma del poder e instaurar el régimen de los consejos obreros (soviets).
Así en el mismo proceso revolucionario se fusionaron tanto la teoría de partido de combate de Lenin como la teoría de la revolución permanente de Trotsky. Pero, acertadamente, Trotsky siempre insistió en que sin el Partido Bolchevique y sin Lenin al frente de él, la revolución rusa no se hubiera producido, primero porque la existencia del partido, aunque con una teoría equivocada, era lo que permitía corregir o ajustar cualquier problema teórico programático, y para realizar esa tarea, frente a las alas conservadoras, nada mejor que su fundador y máximo dirigente al frente. 
 En el siglo XX hubo muchas revoluciones, pero ninguna como la Revolución Rusa de Octubre, y no nos referimos a que sea igual, porque no hay nunca revoluciones iguales, sino que nos referimos a que todas las otras revoluciones fueron de diferente género. Algunas, directamente democráticas burguesas, por no tener ni a la clase ni a un partido obrero revolucionario al frente, como Argelia de 1962, Portugal de 1975, Nicaragua de 1979, etc., etc., no avanzaron en expropiar a la burguesía y al imperialismo. Y otras revoluciones fueron democráticas-sociales, como en Yugoslavia, China, Cuba o Vietnam, que –para resolver las cuestiones democráticas estructurales como la independencia del imperialismo y el reparto de la tierra–, avanzaron en expropiar a la burguesía y al imperialismo, pero al tener direcciones pequeño-burguesas y/o burocráticas como son los partidos-ejércitos, no impusieron un régimen soviético, de democracia obrera, y prontamente se burocratizaron. Y paralelamente a este proceso de burocratización fueron centrándose en construir el socialismo en un sólo país o en su país, dejando así de impulsar los procesos revolucionarios en el plano internacional.  
Todavía en el mundo se siguen discutiendo los alcances estratégicos de la Revolución de Octubre. Por ejemplo, la izquierda estalinista o influenciada por variantes estalinistas, como los castristas (y también algunos guevaristas), los maoístas o ex-maoístas y tantos otros izquierdistas, dicen que los trotskistas nos equivocamos porque nos atamos a una estrategia hija de la Comuna de Paris, como fue la revolución de Octubre, cuando los sujetos sociales pueden ser muchos, como la historia ya demostró en muchas revoluciones del siglo pasado. Y ridículamente hasta hacen la cuenta matemática de una revolución, como la de Octubre, frente a cinco o seis de otros tipos de revoluciones que expropiaron sin la clase obrera al frente y sin el partido de tipo bolchevique.
Sin embargo, para los trotskistas no es una cuestión de números, aunque de las otras hubieran sido diez o quince. Porque tanto el partido leninista, centralista democrático y de combate, como el proletariado (y en su centralidad la clase obrera) y los organismos de democracia proletaria, siguen siendo muy actuales e imprescindibles para la lucha por el socialismo. Porque incluso, en el hipotético y remoto caso de que una dirección pequeño-burguesa, un partido-ejército, tomara el poder, al no estar educado ese partido en la democracia proletaria no desarrollaría los órganos de la democracia soviética y mucho más rápidamente se burocratizaría reproduciendo lo que ya vimos en todos las revoluciones en las que se consolida una burocracia, que pasado el primer influjo revolucionario empiezan a meterse hacia adentro, traicionando las luchas de la clase obrera y los pueblos a nivel mundial, para construir el “socialismo” en un sólo país, o en su país o el nombre que le pongan a esa coartada.
Por esto la Revolución Rusa es más que un hecho del pasado que sólo hay que recordar, y del que todavía nos llegan sus lejanos ecos.  Más bien, para los que luchamos por el socialismo, para terminar con la explotación, la opresión y la creciente miseria provocada por el capitalismo imperialista, se trata también de una imagen permanente de tareas y procesos del futuro. Es una revolución de la que tenemos mucho que estudiar, que aprender; y lecciones y tareas que extraer y deducir para la revolución socialista de nuestros nuevos tiempos. 


viernes, 18 de noviembre de 2016

Declaración de la LCT, sobre el acto del FIT en Atlanta:

¿Elecciones el año que viene, u organizar la resistencia con la táctica del Frente Único Obrero?

Si el triunfo del Brexit -votación que dió como resultado la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea- hace pocos meses, demostró lo profundo de la crisis capitalista mundial y los pies de barro que tiene esa unión capitalista de países europeos para poder soportarla, el triunfo de Donald Trump, en los EE.UU., es una vuelta más de rosca en esa misma dirección. Pero se trata de la potencia económica capitalista más importante del mundo, de allí que las medidas que se tomen en los EE.UU. tendrán una implicancia mucho más profunda sobre todas las economías nacionales, y más aún de los países semi-coloniales como el nuestro, estén o no directamente conectadas a través de los tratados comerciales. Este marco internacional de recesión y de mayor proteccionismo de las potencias imperialistas no es precisamente el mejor para suponer que vendrán inversiones o que se conseguirán nuevos mercados para la producción argentina. Peor aún, la tendencia será hacia la pérdida de mercados, y de volumen exportable, del encarecimiento del préstamo internacional, y habrá más devaluación -ya devaluaron México y Brasil- y con ello una nueva pérdida salarial y mayor desocupación.
En este contexto la burocracia sindical de la CGT dejó pasar los despidos en estatales y privados y la baja salarial de más de un diez por ciento sin hacer nada. La jornada del 18 de noviembre, donde la CGT convocó a una marcha al Congreso de la Nación, es un acto más de los aparatos sindicales sin propuestas de lucha concreta. Están más atrás que en el acto que realizaron el 29 de abril, donde todos los burócratas sindicales prometían que, de vetarse la ley contra los despidos, iban a parar. Macri vetó la ley, y nada de eso ocurrió. Y ahora no son capaces ni de luchar por un bono de fin de año, no remunerable, de 2.000 pesos para todos. Te quitan el pan de las manos y los burócratas de la CGT están tan entregados que no pelean ni por las migajas que quedaron en la mesa.
Las CTA's, como es su histórica costumbre, llaman a paros inofensivos que no tienen ninguna continuidad, y a gastar zapatillas en cansadoras marchas de protesta junto a sectores de la Iglesia y a empresarios. Con la misma Iglesia que apoya al gobierno y los mismos empresarios PyMES que piden más flexibilización de las condiciones laborales.
Frente al ajuste la izquierda clasista no tuvo casi reacción. En la autocrítica de Altamira, dirigente del PO, de que en el año no hicieron nada conjuntamente las fuerzas del FIT para enfrentar el ajuste, hay un reconocimiento pero también una lavada de manos, porque termina de echarle toda la culpa al PTS de que no hayan podido luchar. Olvidándose que, cuando el PTS y el Nuevo MAS se bajaron del Encuentro Obrero de marzo, el PO les siguió el camino cuando lo correcto era mantener el Encuentro Obrero junto a Izquierda Socialista, los Aceiteros, la Línea 60, Ferroviarios, etc. El PTS hace lo mismo al echarle la culpa a Izquierda Socialista de que no defendió a Dilma en Brasil, al no considerar que el “Impeachment” sea un golpe parlamenta-rio, y por eso el PTS no fue al acto unitario del 1ro de Mayo.
Pero en marzo tanto el PO, el PTS, y el Nuevo MAS se esforzaron por frenar el proceso hacia la unificación por las bases que venía avanzando, cuando sabotearon desde la organización al Encuentro Obrero convocado por el Sindicato de Aceiteros, y la Comisión Interna de la línea 60 entre otros. Izquierda Socialista tuvo una posición más unitaria pero, como sus compañeros electorales no lo impulsaban, retrocedió. Mantener las buenas relaciones para el frente electoral, y los fines electorales, fue más importante que jugarse a llevar adelante el Encuentro Obrero, lo que hubiera podido ser el puntapié inicial hacia un Congreso Obrero de Delegados de base.
De allí que la crítica que hace el MST a este acto en Atlanta, al ser éstos parte de la directiva de la CTA, no tiene ningún sustento, ya que son más electoralistas que el FIT y al estar -junto al PCR/CCC- con la burocracia sindical, no quieren impulsar ningún Congreso Obrero de Base para enfrentar el plan ajustador del gobierno de Macri. De igual forma, y aunque tengan razón el Nuevo MAS y otros, al considerar electoralista -y sectario al mismo tiempo- este acto, se trata sólo de una crítica vacía y contradictoria que no propone otra perspectiva de lucha, sólo hacer otro frente electoral de izquierda…más grande.
Como se ve, todos estos estériles debates cruzados de partidos y grupos, tienen algo en común: anteponer la táctica electoral por sobre la táctica del frente único obrero. Y cuando se dan cuenta de que la ofensiva estatal-patronal es brutal, y de la importancia de la unidad en las filas obreras partiendo de sus sectores más avanzados, al querer igualmente mantener la primacía del frente electoral, lo que buscan realizar es incluir al frente único dentro del frente electoral, y allí se exacerban las peleas de micro-aparatos por tener más control y prestigio -para después ser usado electoralmente-, y eso imposibilita una amplia política de frente único obrero e incluso, y por eso mismo, tampoco puede haber unidad obrera acotada a las fuerzas del FIT.
Todas estas fuerzas políticas se dicen socialistas y revolucionarias, pero no encontrarán ningún artículo, ni cita, ni nada, de los maestros del socialismo científico, que esté a favor de los frentes electorales permanentes, y ni hablar de que a dicho frente electoral se lo contraponga y privilegie ante el frente único obrero. Sin embargo, la desviación electoralista de las direcciones del PTS, PO e IS, no les permite más que privilegiar el frente electoral permanente para las elecciones aunque falten tres, dos o un año. Y por eso mismo tampoco pueden tener una política más amplia hacia sectores de masas, para bregar por un frente único obrero. Y más ridícula aún es la situación, porque tampoco pueden ni concretarlo internamente en un encuentro o plenario obrero. Y el Nuevo MAS, que no es parte del FIT, está igualmente adaptado al régimen democrático burgués, porque critica la parálisis del FIT, pero busca la solución por la derecha, o sea, no priorizando el frente único obrero para derrotar el ajuste, sino un nuevo frente electoral más amplio.
Pero tampoco se trata de romper la parálisis política haciendo algo sólo para estar en movimiento. De lo que se trata es de salir del impasse actual y encontrar el camino de la lucha que nos lleve a derrotar el ajuste, por lo tanto al gobierno, y por eso mismo, a que la crisis la paguen los capitalistas. Esto no se logra con que en el acto de Atlanta voten o acuerden dos o tres de los partidos que lo componen, tres o cuatro tareas o actividades; sino con un amplio llamamiento a poner en pie un Congreso Obrero de Delegados de Base, que convoque a los que luchan y organice para derrotar el ajuste, dando una salida obrera a la crisis. Dicho de otra forma; se trata de la lucha por el poder. Se trata de empezar a perfilar una política que apunte a organizar y movilizar a miles, a cientos de miles, a millones. Una política re-vo-lu-cio-na-ria.
La izquierda tiene poder para convocar un Congreso Obrero de Delegados de Bases: está el SUTNA bajo manos clasistas, el Ferrocarril Sarmiento con el Pollo Sobrero a la cabeza, la AGTSyP con Dellacarbonara al frente, el sindicato Ceramista de Neuquén, los múltiples SUTEBA’s Multicolor, la Junta Interna de Hospital Garraham, la Junta Interna del Ministerio de Hacienda, ADEMYS, SiPreBA, AGD-UBA, SITRAIC, Cresta Roja, la Línea 60 y la agrupación Al Volante, la FUBA que co-dirige el PO, los docentes y estatales de Tierra del Fuego que todavía resisten la represión, etc., etc. Los trabajadores necesitan este polo clasista del movimiento obrero que dé lucha contra el ajuste del gobierno y las patronales, y desenmascaren a las burocracias sindicales. Compañeros, impulsémoslo.

Por un Congreso Obrero de Delegados de Base, con representación de organizaciones de trabajadores desocupados y estudiantes en lucha
-Libertad y desprocesamiento de todos los luchadores sociales
-No al pago de la deuda externa con el hambre del pueblo trabajador
-Arranquémosle, al gobierno y las patronales, un aumento salarial que cubra el costo de la canasta familiar, indexado mensualmente
-No a los despidos – Luchemos contra los cierres de fábricas. Toma de fábricas y establecimientos frente a los despidos o suspensiones, imponiendo el reparto de las horas de trabajo – No a los vaciamientos de fábricas – Tomémoslas poniéndolas a producir y luchando por la nacionalización bajo control obrero de toda fábrica que cierre.
-Trabajo para todos – Reducción de la jornada laboral a 6hs, sin afectar los salarios
-Huelga General por tiempo indeterminado para derrotar al ajuste
¡¡¡Basta de políticos patronales y sus planes de hambre; por un Gobierno Revolucionario de los Trabajadores!!

¿Se puede realizar un Congreso Obrero de Delegados de Base?

Si se tiene comprensión y voluntad política no hay excusa para no realizar el Congreso Obrero de Delegados de Base. Sólo falta la voluntad, de los partidos de la clase y los dirigentes obreros luchadores, para fijar criterios comunes, de democracia y representación.
A nuestro modo de ver, el primero y más obvio de los criterios a tener, para que no sea aparateado el Congreso obrero por ninguna organización grande con compañeros que no son obreros, es que en éste deberían tener voz y voto todo miembro de organización sindical con cargo gremial, y de forma proporcional su tiempo de exposición. Por ejemplo; los delegados de base de cualquier sindicato con 5 minutos de voz, y los delegados generales de las estructuras que superen los 500 compañeros, 7 minutos; los dirigentes de seccionales sindicales 10 minutos y los compañeros de directivas nacionales 15, y 20 minutos para los secretarios generales. Así las intervenciones estarán niveladas conforme al peso de la representación. De igual forma con el criterio de un miembro un voto, no se menoscabaría a los compañeros que dirigen organizaciones grandes, porque no sólo tienen más tiempo de exposición, sino que las organizaciones más grandes, y si esa directiva sindical es realmente representativa, puede llevar mayor cantidad de delegados al Congreso, para hacer valer sus posiciones.
De igual forma las organizaciones de desocupados pueden, conforme a su tamaño, tener delegados y tiempo de exposición de los delegados de dichas organizaciones (un delegado de 50 a 100 compañeros, dos delegados de 100 a 500 compañeros, y tres o cuatro de 500 a 1000 compañeros, 5 delegados a las organizaciones de más de 1000 miembros) y de reconocidas agrupaciones sindicales de trabajadores no registrados. Con parecidos criterios de voto e intervención para los estudiantes centros de estudiantes, universidades y federaciones estudiantiles, etc.
Los partidos de la clase trabajadora (porque los partidos patronales no pueden participar) también deberían tener tiempo de exposición conforme a su tamaño. Por ejemplo, los grupos chicos el tiempo de exposición sería de un delegado obrero (5m), de dos o tres delegados los medianos, de 4 o 5 delegados los partidos que tengan presencia en 5 o 6 provincias, y de 7 u 8 los que tienen extensión y reconocimiento nacional. Pudiendo unificar el tiempo de exposición de todos, en una o dos intervenciones, si así lo quisieran. Esto tampoco va en contra de los partidos más grandes, porque al mismo tiempo tendrán docenas de intervenciones defendiendo sus posturas, conforme al trabajo sindical, en desocupados y en estudiantes.
Todo dirigente sindical que plantee que quiere derrotar el plan de ajuste, no importa la ideología que tenga, puede participar con los criterios ya descriptos. Pero también, para que no sea aparateado por la burocracia sindical, se debería usar el criterio de no dejar participar a los dirigentes sindicales que se hayan votado salarios que superen el salario que ganaba en su puesto de trabajo. De esa forma se impide un posible intento de copamiento del Congreso Obrero por la burocracia sindical (o que ramas de éstas vengan a desorganizar o provocar).
Y tras cada Congreso se elegirá de dirección una Mesa provisoria hasta el próximo Congreso. Que coordinaría las medidas de acción y las campañas votadas. También se deberá crear una comisión fiscalizadora –entre sindicatos, organizaciones de desocupados y partidos– que acrediten, de congreso a congreso, que efectivamente los delegados que se presentaron allí realmente lo sean, y cada vez, de evento a evento, se tendrá una idea más ajustada a la realidad. Y como se trata de delegados en las base, con ella puede recaudar para llegar a la ciudad que se convoque, y hacer colectas en el mismo evento si se trata de organizaciones de desocupados o de muy lejos y difícil acceso.

Sean estos criterio u otros más ajustados, lo cierto es que si se quiere al Congreso Obrero se lo pone en pie sin mayores problemas de criterios de democracia y representación. 

martes, 4 de octubre de 2016

¿Por qué somos trotskistas?

Trotskista -o trotskismo-, como categoría, es mucho más que ser partidario o ser seguidor de León Trotsky. El término trotskista es también una categoría histórica que incluye a Marx, Engels, Luxemburgo y Lenin, el legado teórico y la experiencia histórica de las cuatro primeras internacionales; o sea, de la lucha por los intereses actuales e históricos del proletariado, lo que significa la lucha por el partido revolucionario de los trabajadores, la construcción de la Internacional -comunista, obrera y revolucionaria- en lucha por el Socialismo mundial y el Comunismo.
Si el marxismo es el estadio más alto al que ha llegado el pensamiento humano, el trotskismo no es sólo la única forma de entender, desde el marxismo como ciencia, la historia del siglo XX, esto es; del pasado y el presente de la lucha de clases y de la clase obrera -y por ello de los pueblos, y de los géneros, oprimidos y explotados del mundo. Sino también, y fundamentalmente, su programa es hoy la única forma de luchar por un futuro de igualdad, abundancia y libertad para toda la humanidad, y con ello luchar también por la naturaleza, que la voracidad y la crisis capitalista destruye a cada paso.
Mientras exista el capitalismo, y el proletariado esté en condiciones estructurales para luchar por el poder, no hay, ni habrá en el mundo, un programa más revolucionario -más radical, racional, realista y positivo- para la humanidad que el del trotskismo.
 
¡Viva la clase obrera!
¡Viva el Socialismo Mundial y el Comunismo!
 
¡Viva el Comité Organizador por una
Internacional Comunista Obrera y Revolucionaria!

Gobierno de Macri

Crisis, miseria y más endeudamiento 

Se conocieron los números de pobreza de la nueva medición del INDEC después de tres años. El 32,2 por ciento son pobres y el 6,3 por ciento son indigentes, según los criterios de pobreza e indigencia que usa el INDEC. Rápidamente Macri salió a decir que "Este es el punto de partida sobre el que acepto ser evaluado" haciéndose el distraído sobre el hecho de que gobierna hace más de nueve meses. Y sólo en los primeros meses los despidos, tanto en el sector público como en el privado, alcanzan ya a 200.000 trabajadores. Para los que mantienen su puesto de trabajo se les ha reducido el sueldo al mantener la recomposición salarial por debajo de la inflación, se calcula una pérdida salarial promedio de un 10 por ciento. Todo esto va en paralelo a las subas en las tarifas de servicios como gas, luz, agua y transporte, con aumentos que van de un 100 por ciento en el transporte, y de un 400 por ciento hasta un 2.000 por ciento en agua, luz y gas más de un 200 por ciento. Una situación de pérdida de poder adquisitivo de los salarios que da como resultado 1,4 millones de nuevos pobres sólo en los tres primeros meses del 2016.
Pero esta respuesta de Macri, como si él no hubiera estado gobernando estos últimos 9 meses, sobre la crisis económica y el aumento de la pobreza no es fortuita. Ocurre que estamos próximos a fin de año -y el año que viene hay elecciones- y para esto el gobierno piensa gastar gran parte de los miles de millones de dólares que los organismos de crédito internacional le dieron. Al gobierno no le preocupa tanto la miseria como la posibilidad de que haya estallidos sociales, en las grandes ciudades y sus suburbios reclamando comida en estas fiestas. Y que eso empañe toda la campaña electoral del año entrante. Elecciones donde tiene que conseguir muchos diputados si quiere mantenerse con fuerza para seguir ajustando.
Ya está inyectando millones de dólares en la obra pública. Se anunciaron 50 convenios con intendentes para realizar obras de vivienda y pavimentación por 3 mil millones de dólares. Está inyección de dinero es muy importante porque los últimos datos, de agosto, indica que la actividad de la industria y la construcción seguía cayendo. Apuestan a que de aquí a fin de año haya un vientito económico favorable, pero se trata de algo artificial, creado por necesidades políticas. Las inversiones reales a la producción no vinieron ni vendrán, salvo que impongan inmediatamente la flexibilización laboral, algo poco probable aún.
En  definitiva, al solicitar créditos internacionales, a los entes financieros usurarios de siempre, para obra pública, para reactivar la industria y la construcción, le están haciendo pagar al conjunto del pueblo las necesidades políticas del gobierno y las necesidades económicas de los empresarios para la buena marcha de sus negocios. Pero no serán nuestros nietos los que paguen las consecuencias de esto, ni bien pasen la elecciones y se sienta fortalecido el gobierno avanzará más drásticamente con el ajuste.

¿Aumento salarial o suma fija de fin de año?

A comienzos del año fue la burocracia sindical del gremio docente la que aceptó la paritaria en dos veces. Pero el gobierno ahora dice que la inflación bajó y no quiere reabrir las paritarias, perdiendo los docentes más de un 15 por ciento. En la mayoría de los gremios privados la paritaria fue de una sola vez, dividido en tres cuotas, pero muy por debajo de lo que fue la inflación, que se calcula en un 46 por ciento interanual.
Ahora, sin aclarar todavía los montos, la burocracia sindical de la CGT unificada negocia en secreto una suma fija para fin de año, y que no paguen ganancias los que ganan más de 30 mil. Pero una suma fija, como las que se daban en el 2001, más aún si no se dicen los montos, es nuevamente un engaño. Y los dirigentes de la CGT son cómplices, como lo fueron los dirigentes de los docentes.
La unificación de la CGT está demostrando lo que decíamos: no quieren luchar, se unieron contra los trabajadores.

-Basta de negociaciones secretas - Exijamos asambleas en todas las fábricas y establecimientos para votar un plan de lucha - Por una Huelga General que logre arrancar un aumento salarial para los trabajadores, las jubilaciones, y las asignaciones o planes sociales, que equipare lo perdido por inflación.

-Frente a la tregua que le da la burocracia sindical de la CGT y la CTA al gobierno: que las comisiones internas y los sindicatos combativos llamen a un Congreso Obrero de Delegados de Base de todo el Movimiento Obrero, y se discuta un plan de lucha para enfrentar y derrotar al gobierno y su ajuste.

-Basta de desocupación y trabajo en negro – Por el reparto de las horas de trabajo - 6 horas de Jornada laboral para todos (4hs para los que actualmente tienen 6hs) – Que la crisis capitalista la paguen los capitalistas y no el pueblo trabajador.

-Por salarios que cubran el costo de la canasta familiar.

-Por un Gobierno Revolucionario de los Trabajadores, que lleve adelante un plan económico obrero de emergencia.

Crimen capitalista en la línea 60

Llamamos crimen capitalista a la muerte de David Ramallo, mecánico de la Línea 60, al que se le cayó un colectivo encima por fallas de seguridad, porque todo demuestra que la patronal de DOTA busca grandes ganancias sin importarle nada de la suerte de los trabajadores. Para ellos, los trabajadores son cosas, son sólo piezas en el engranaje de la empresa. Y como parte de esto, el mismo día moría un obrero de la construcción, Ricardo Alcaraz, en Villa Crespo, por falta de seguridad al ser aplastado por el derrumbe de una medianera. Otro crimen capitalista donde ni la patronal, ni los responsables de seguridad de la UOCRA y del estado, se quieren hacer responsables. Pero lo son totalmente.
Pero el crimen obrero de la línea 60 es muy significativo porque los delegados habían realizado muchas denuncias alertando del problema de seguridad, y los burócratas sindicales de la UTA nada hicieron, más aún cuando esa terminal había sido habilitada hacía muy poco y los organismos de control estatal (Macri) avalaron esas pobres condiciones de seguridad. Y, para cambiar el eje de la lucha, la patronal envió 30 telegramas de suspensión.
Obviamente, como corresponde, los trabajadores cesaron las tareas, y durante cuatro días, habiendo una muerte, y siendo público el conmocionaste suceso, la patronal no se hizo presente, pero tampoco ningún juez, ni un fiscal siquiera, y ni un miembro del Ministerio de Trabajo, solamente se hicieron presentes, en dos ocasiones, peritos de la policía. La misma policía que en conflictos anteriores, por salario y contra despidos, actuaba liberando las zona para que la patota de la burocracia sindical le pegara a los trabajadores. En otras palabras, los únicos que fueron a ver el lugar eran policías que se sabe que están en acuerdo con la patronal. Todos al servicio de la empresa. Y el Ministerio de Trabajo (Triaca) se dignó, porque ya no podían seguir ocultándola, porque demostraba su parcialidad, a dar a conocer el acta del “accidente”, 12 días después de haber ocurrido.
Esto no ocurre por casualidad, la sociedad es capitalista y los gobiernos, y todos los engranajes del estado, están en función de los intereses patronales (sobornan policías, compran dirigentes sindicales, etc.). Más aún hoy cuando Macri –que continúa la política de Cristina Kirchner de bajar el costo laboral– acababa de atacar a los trabajadores diciendo que “hacen trampa”, “que faltan mucho”, “que ponen palos en la rueda” que “tienen que ser más productivos” y por ello buscan acuerdos por productividad, etc. etc. Porque en última instancia lo que busca es flexibilizar aún más las condiciones de trabajo.
Pero los trabajadores de la línea 60 se han mostrado unidos y en lucha. Si a nivel nacional tuviéramos cientos de comisiones internas como la de la línea 60, el gobierno ya estaría con el rabo entre las patas. Esto demuestra una vez más que lo sindical está íntimamente ligado a lo político. Que no se puede analizar la relación obrera-patronal dejando de lado el rol que juegan los gobiernos –y los partidos políticos patronales y los sindicatos que estos partidos controlan–, en beneficio del capital, o sea, de los empresarios y sus ganancias.
Estos crímenes patronales sólo pueden ser vengados fortaleciendo la conciencia de clase de la clase obrera, apostando al desarrollo de una nueva dirección, política y sindical, en el movimiento obrero. Y como parte de esto, la lucha contra la patronal de todos los días, ésta nueva dirección debe tener un correlato político que al mismo tiempo luche por el poder obrero, para que los que realmente trabajan sean los que controlen y dirijan su propio destino, que es el de la inmensa mayoría.