domingo, 25 de septiembre de 2016

Declaración por una Internacional Comunista Obrera y Revolucionaria


La crisis capitalista y la lucha de clases
 
La actual crisis capitalista no es más que la manifestación de las caducas relaciones de producción burguesas que llevaron al estancamiento de las fuerzas productivas. Éstas no pueden desarrollarse, ya no tienen fuerzas las relaciones sociales de producción y explotación capitalista para impulsar a la sociedad hacia adelante. Solo tiene fuerza la burguesía, por ahora, debido a la crisis de dirección revolucionaria del proletariado, para imponer sus planes de ajuste. Estamos viviendo la manifestación más aguda de la descomposición del capitalismo imperialista.
Agotado el boom de la Segunda post-Guerra, y debido a la pronunciación de un proceso que Marx llamó la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, desde mediados de los '70, a la burguesía la inversión en la producción industrial no le da beneficios substanciales y prefiere, por el alto grado de ganancias, derivar grandes masas de plusvalía, que no reinvierten en la producción, al círculo financiero. En ese marco el tanque de oxígeno suplementario que le dio al capitalismo mundial la restauración capitalista en Europa del Este, la exURSS y China se agotó en menos de una década. Los usurarios préstamos privados y estatales a los estados semi-coloniales incluidos los fondos buitres de rapaces sectores especulativos ligados mayormente a los fondos de pensiones– la especulación con bonos y títulos o por medio de las más sofisticadas técnicas de especulación financiera que hacen crecer de forma demencial (burbujas) a algún sector de la economía. Estos sectores pueden ser desde los punto.com, las acciones tecnológicas, el sector inmobiliario o los commodities (e incluso hasta se especula con obras artísticas). Pero las burbujas financieras se pinchan, y en el 2008 arrastraron a los bancos y a todo el sistema de crédito y, a su vez, dejaron más en crisis a la industria y al comercio internacional.
Por lo pronto la crisis ya tiene varios años, y cada tres o cinco años estalla en algún nuevo país, con sus implicancias políticas: desde la revolución democrática árabe Túnez, Libia, rebelión y derrocamiento de Mubarak en Egipto y el posterior golpe militar–; hasta la rebelión y guerra civil en Siria, el proceso revolucionario de Tailandia, la rebelión en Ucrania y la lucha contra el ajuste en Grecia, etc. Sus implicancias afectan tanto a Europa imperialista y a las otras potencias mundiales como China y Rusia, y también a las más importantes economías de América del Sur; Brasil, Argentina o Venezuela, golpeando fuertemente a los países menos desarrollados, porque el imperialismo, vía las deuda externas, arranca masas de plusvalía a los países semi-coloniales. Y como parte de la crisis de dirección del proletariado, el surgimiento del yihadismo –financiado por los sectores más reaccionarios de las burguesías y monarquía árabes– en Siria-Irak y sus atentados en Europa que refuerzan la derecha xenófoba, principalmente anti-árabe y pro-sionista. Mientras el hambre, la miseria y la represión crecen en África y Asia central impulsando a cientos de miles de desposeídos a arriesgar sus vidas para cruzar el Mediterráneo en búsqueda de un futuro, fortaleciendo al mismo tiempo a los sectores políticos más retrógrados de estos países imperialistas. 
Los cálculos más optimistas de los economistas burgueses hablaban de 5 años más de crisis mundial, todo dependería de la recuperación económica de los EE.UU. y si esa recuperación impulsa la economía mundial, o si ella es muy leve como lo es actualmente y es la economía mundial en crisis la que vuelve a sumergir en crisis a los EE.UU. Pero en realidad no hay recuperación inherente al propio capitalismo, como si tuviera éste algún método interno de regeneración, sino que depende del ataque que dé y de la respuesta de la clase trabajadora a la explotación y a los ajustes que están aplicando en el mundo; o sea, la superación o no de las crisis dependen de la lucha de clases.
Se trata de una de las mayores crisis del capitalismo mundial (con sus cortos ciclos de crecimiento, de estancamiento y de recesión) y nos esperan años de grandes luchas del proletariado, donde la burguesía se va a empeñar, como una tarea de vida o muerte, en hacerle pagar a la clase obrera de los países centrales, al conjunto de los pueblos oprimidos y al proletariado en general, los costos de esta crisis estructural. Una verdadera contrarrevolución económica permanente contra las conquistas y condiciones de vida de la clase obrera mundial. Crisis, ajustes, austeridad, desocupación, miseria, hambre, huelgas, represión, racismo, xenofobia, muertes, atentados, golpes de estado, guerras –contra y entre países semi-coloniales– y revoluciones serán, no sólo los términos que más escucharemos, sino también las realidades más comunes que viviremos. Mientras se profundizan las tendencias, como necesidad objetiva del capitalismo imperialista, hacia una guerra inter-imperialista, aunque todavía los posibles bloques beligerantes no estén definidos.
Los obreros avanzados, y más aún los que se consideran revolucionarios, deben comprender cabalmente que la crisis estructural capitalista imperialista mundial no puede dar lugar a falsas ilusiones. Los bajos salarios, la super-explotación, la desocupación y la miseria irán en aumento. Los reformistas socialdemócratas se han vuelto contra-reformistas y son el brazo ejecutor de las políticas de ajuste y austeridad de la burguesía; el nacionalismo burgués de “izquierda” en los países semi-coloniales, hoy con un tibio discurso anti-imperialista, que plantea que es posible el desarrollo económico nacional desarrollando la industria, o sea, de la burguesía industrial, o humanizando al capitalismo. O, los vestigios del stalinismo, que mientras restaura el capitalismo en los países que todavía gobierna, mezclan ambas recetas de reformistas y nacionalistas-burgueses sin querer luchar por una salida obrera y revolucionaria a la crisis capitalista. Sea el reformismo sin mejoras, el nacionalismo empresarial, o estos falsos comunistas, se trata de mentiras deliberadas o, en el mejor de la casos, de utopías reaccionarias, que lo que buscan es lograr sacar a los trabajadores de la lucha por su emancipación y la resolución de sus problemas más importantes.
Los tiempos se aceleran, detrás de cada período de estabilidad vendrá una crisis más profunda. La construcción del partido revolucionario del proletariado que luche por la revolución socialista, nacional y mundial, es más que nunca la tarea de primer orden. En ese sentido, hay que explorar e impulsar todo reagrupamiento internacional marxista revolucionario principista (leninista-trotskista) en Comités de Enlace, Tendencias o Fracciones internacionales que no se contrapongan –sino que sirvan de pie de apoyo para impulsarse– con nuestra concepción de Internacional e internacionalismo proletario, concepción que no es ni más ni menos que la misma que nos legó la herencia teórica-programática de la IIIª y la IVª Internacional.
Ciertamente, que frente al nefasto rol jugado por los socialdemócratas y toda clase de stalinistas, el único heredero marxista de esta tradición revolucionaria es el trotskismo, corriente que a su vez tiene sus alas principistas, centristas y oportunistas, estas dos últimas desarrollando muy variados revisionismos de la teoría y el programa de la IV Internacional. Y también están aislados, desperdigados y atomizados –y a veces muy sectarizados y autoproclamados– sus sectores más principistas. Por eso mismo, reagrupar, impulsar y desarrollar en la clase obrera al trotskismo sobre bases principistas es la tarea que nos proponemos los trotskistas internacionalistas de este reagrupamiento internacional en lucha por partidos obreros revolucionarios –luchando contra las patronales, la burocracia sindical y los gobiernos– en todos los países y, para ello, por la construcción de una Internacional Comunista Obrera y Revolucionaria; el Partido Mundial de la Revolución Socialista

Bases de Principios del Comité Organizador por una Internacional Comunista Obrera y Revolucionaria

1. Sólo con la Revolución Mundial habrá Socialismo. El agotamiento del boom capitalista de la Segunda post-Guerra a mediados de los años 70, llevó al stalinismo, en menos de una década, a planificar la restauración capitalista y a la pérdida de los Estados Obreros Burocratizados en los años siguientes, asestándole así una derrota de dimensiones históricas al proletariado mundial. Pero no fue debido a la buena salud o a la superioridad del capitalismo frente al socialismo que se produjo esa derrota, sino debido a la misma crisis del capitalismo, y a que el stalinismo en vez de luchar por la revolución mundial buscó competir económicamente en el mercado mundial, trasladando así la crisis al interior de los Estados Obreros Burocratizados. No fracasó el socialismo porque nunca se llegó a él, fracasó la burocracia stalinista que, para mantener sus privilegios de casta parasitaria, se negó a avanzar hacia el Socialismo.

2. Contra la utopía reaccionaria de una Europa capitalista unificada. La unidad de la Europa capitalista sólo puede mantenerse como proyecto con ajustes, o planes de austeridad y permanentes flexibilizaciones laborales, impuestos por la propia burguesía de los diferentes países de la Unión Europea, por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo. Los trabajadores deben luchar por derrocar a la monarquía y a su gobierno burgués en España, a la V° República gaullista de la agresiva Francia colonialista e imperialista; al gobierno anti-obrero e imperialista de la Alemania unificada que reglamenta y subordina al resto de las burguesías en Europa; a la monarquía y al gobierno imperialista en Gran Bretaña, etc. Es decir, llamamos al combate por derrotar a los gobiernos y los regímenes de las potencias imperialistas, y por derrocar también a sus sirvientes; las burguesías de los países semi-coloniales (como Grecia, Irlanda, Rumania, Polonia etc., etc.), y destruir todos los estados burgueses imponiendo la dictadura del proletariado en esos países; abriendo así el camino a la única real unidad de los trabajadores y pueblos europeos: una Federación –libre y voluntaria– de Repúblicas Obreras y Socialistas de Europa en lucha por la Revolución Socialista Mundial.

3. Por la derrota militar del imperialismo en todo ataque o invasión que realice. Estamos en la trinchera y por su victoria militar de toda nación oprimida atacada por el imperialismo, esto es; por la derrota del agresor imperialista. Pero luchamos por una dirección proletaria de la guerra nacional, que transforme esa guerra en el inicio de la revolución socialista; tanto en el país agredido (Afganistán, Irak, Siria, etc.) como en el seno de la o las naciones imperialistas agresoras (EE.UU., Francia, etc.). No es verdaderamente marxista, ni revolucionario ni siquiera antiimperialista, todo aquél que en los países imperialistas no esté incondicionalmente por la derrota de su propio imperialismo, y por el triunfo de la clase obrera y de las naciones oprimidas. La clase obrera de los EE.UU., Japón y de Europa (o de Rusia), debe enfrentar a la burguesía imperialista (y/o opresora) de sus propios países, aliándose con sus hermanos de clase de los países oprimidos, semi-coloniales o coloniales, luchando por el derrocamiento de su propia burguesía imperialista, de su gobierno y su régimen, en el camino de la revolución socialista.

4. Contra el terrorismo imperialista y el terrorismo cuasi-fascista del fundamentalismo islámico. Nos solidarizamos con las víctimas civiles de la docena de atentados terroristas de las organizaciones cuasi-fascistas que invocan ser islámicas. Estos grupos son un producto del imperialismo (de los EE.UU. y Francia principalmente) en dos sentidos; primero porque son financiados y armados por el mismo imperialismo (y por burguesías socias del imperialismo de los países árabes) aunque muchas veces después se les rebelen; así lo demuestra el origen de Al Qaeda, el ISIS y de otros grupos menores. Y también porque estas organizaciones cuasi-fascistas se nutren con la manipulación ideológica de juventud marginada y segregada, principalmente de origen inmigrante de los países árabes, sin futuro y esperanza, de la Europa imperialista. No es un problema de choque de culturas o de lucha de religiones como la derecha racista quiere hacer creer. Es el estancamiento de las fuerzas productivas del capitalismo y la mayor explotación y opresión sobre las naciones semi-coloniales, lo que produce las guerras y las revoluciones, y también el surgimiento de estas bandas cuasi-fascistas. De allí que el principal terrorista es el imperialismo. Terminar con el capitalismo imperialista es terminar con todos los males que él engendra.

5. Fronteras abiertas para todos los trabajadores y pobres del mundo. La burguesía imperialista, después de saquear al mundo colonial y semi-colonial durante siglos, endurece sus leyes y segrega racismo social y estatal. Es el declive capitalista que lleva a la burguesía imperialista a tomar toda clase de medidas –que van desde la deportación en masa y crear muros, hasta apalear a los inmigrantes o dejarlos morir en el mar, para frenar e impedir su ingreso a los países desarrollados. Es de este declive del capitalismo en agonía que surge la actual xenofobia en los países imperialistas y los grupos y partidos neonazis. Debemos enfrentar las falacias de los defensores del sistema capitalista, porque no es cierto que los inmigrantes sean los responsables de generar la desocupación, o sea, de quitar el trabajo o de tirar el salario a la baja de los trabajadores nativos. Si marginalmente esto ocurre, es principalmente debido a la crisis de todo el modo capitalista de producción y al control de la burguesía sobre la clase obrera a través de las burocracias sindicales, que le impide luchar a la clase trabajadora ya no sólo por mejores condiciones de vida, sino hasta para mantener el nivel salarial y las conquistas existentes. Porque lo real es que es el trabajo en negro, o no registrado, lo que tira a la baja el salario de los trabajadores registrados. En ese sentido, todas las patronales europeas usan a los inmigrantes para atacar el salario y las condiciones de trabajo del trabajador europeo. De allí que lo importante es la lucha por la legalización del inmigrante, y por su afiliación sindical, tenga papeles o no, y que se sumen a la lucha obrera contra la explotación capitalista. Las fronteras abiertas para todos los trabajadores y pobres del mundo no es una posición moral o ética, ni sólo es el ideal del socialismo, se trata de una posición de principios y estratégica, porque el problema para el proletariado no son los inmigrantes, el problema es el capitalismo en agonía. Quien se niegue a explicar esto traiciona la lucha por el socialismo, y con ello demuestra que está al servicio de la aristocracia obrera europea, y por lo tanto de la burguesía imperialista. En realidad el inmigrante golpeando las puertas de Europa (y de los EE.UU., desde México y América latina) no hace más que demostrar el fracaso del sistema capitalista que sólo crea más miseria, represión y xenofobia.

6. Por la autodeterminación de las nacionalidades oprimidas y la independencia de los pueblos sometidos por el colonialismo imperialista. Estamos con las nacionalidades y pueblos oprimidos, y nos posicionamos a favor de sus derechos de autodeterminación nacional (vascos, catalanes, escoceses, kurdos, chechenos, kabyles, cachemires, tibetanos, tamiles, portorriqueños, pueblos indo-americanos, etc. etc.) o de unidad nacional de Irlanda, en el marco de la lucha por una Federación –libre y voluntaria– de Repúblicas Obreras y Socialistas de la región. Por la definitiva descolonización y el retiro de Gran Bretaña de las Islas Malvinas y de Gibraltar, y todas las dependencias coloniales que todavía hay en el mundo. Por la devolución de Ceuta y Melilla, de Marruecos, hoy en manos del Estado Español; por la autodeterminación de Guadalupe, las Islas Martinicas, Reunión, Nueva Caledonia y todas las dependencias de ultramar que poseen Francia y otras potencias imperialistas europeas.

7. Por la destrucción del Estado de Israel luchando por una Palestina Obrera y Socialista. Terminada la Segunda Guerra Mundial y con el pretexto de resarcir o compensar al pueblo judío por el genocidio nazi-fascista, el imperialismo (EE.UU., Gran Bretaña y Francia) y la URSS, pactaron, junto a un ala reaccionaria, nacionalista y racista de los judíos (los sionistas), la construcción de un estado judío. Y en 1948, por resolución de –esa cueva de bandidos que es– la ONU, se funda el Estado de Israel apropiándose de las tierras de los palestinos, cuya región estaba dominada por los imperialistas británicos desde 1918, sometiéndolos a toda clase de tormentos (masacres, campos de concentración, deportaciones, represión, discriminación racial y súper-explotación) hasta el presente. Estado que también le sirvió –como cabecera de playa– al imperialismo para detener al nacionalismo árabe en la Segunda post-Guerra. En estos casi 80 años de lucha y resistencia del pueblo palestino, la burguesía palestina demostró su impotencia y su traición al negociar la salida política de “dos estados” en los años 90, cuando es más que evidente que por su propia naturaleza invasora y usurpadora e imperialista, el sionismo no puede permitir nunca un Estado Palestino ni algo que se le parezca en algún sentido. Sólo el proletariado palestino, árabe y también judío –que rechace la ideología sionista– construyendo su partido obrero, socialista y revolucionario puede resolver la cuestión democrática nacional, y agraria, terminando con el estado genocida de Israel, y al mismo tiempo traer paz y prosperidad a la región. Por una Palestina Obrera y Socialista en lucha por una Federación –libre y voluntaria– de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente.

8. Contra el estado burgués y sus fuerzas represivas, y todo tipo de opresión. Para terminar con el capitalismo es central la destrucción del Estado burgués, y por ello es de principios rechazar la financiación de éste en todos los niveles (nacional, provincial o municipal), así como de las ONG que son financiadas por entes u órganos del imperialismo. Si el partido obrero revolucionario consigue diputados –o algún otro cargo electivo financiado por el Estado– estos camaradas no deben ganar más que un obrero calificado, y el resto del dinero el partido debe entregarlo a los fondos de huelgas o a luchas de los trabajadores. Por principios, frente al Estado burgués y sus fuerzas represivas, estamos siempre con los oprimidos y los explotados, independientemente que compartamos o no los métodos de lucha de sus direcciones. Y por la igualdad de la mujer y otros géneros oprimidos. Contra la intervención estatal en la vida de los partidos obreros y de los sindicatos. Estamos también contra la pena de muerte que ejecutan esos estados; por la destrucción de su aparato represivo, y por la libertad de todos los presos políticos.

9. En defensa de la Teoría de la Revolución Permanente. Reafirmamos el fundamental aporte programático y de estrategia revolucionaria de la Teoría de la Revolución Permanente de León Trotsky. Rechazando cualquiera de sus revisiones; como la del Frente Único Antiimperialista que se caracteriza por dividir la revolución en dos etapas, al orientar frentes políticos con la burguesía en los países semi-coloniales, cuando éstas entran en contradicción o son atacados por el imperialismo. Si la burguesía se divide en dos campos no estamos políticamente con el campo burgués progresivo: los que luchamos por la revolución socialista siempre estamos en el campo del proletariado. Podemos, si hay guerra civil, estar en un mismo bando militar (España) pero siempre con una política independiente de clase luchando por el poder obrero. Al igual que frente a un ataque imperialista –independientemente del régimen político que tenga ese país atacado– siempre estamos en el bando militar de la nación oprimida, pero políticamente desde un tercer campo; desde el de los intereses del proletariado. También rechazamos la revisión la Teoría de la Revolución Permanente con la lucha por la revolución democrática –o el nombre que esta concepción asuma– frente a una dictadura. Cuando existe un despertar político de amplias franjas de masas, los revolucionarios debemos desarrollar políticas que busquen poner a la clase obrera en el centro de la escena, y al levantar consignas democráticas ninguna de ellas, al decir de Trotsky, debe transformarse en un dogal al cuello del proletariado. Revisan oportunistamente la teoría de la revolución permanente, y traicionan al proletariado, quienes en su política y consignas levantan murallas entre la revolución democrática y la revolución socialista. Siempre la lucha es por la revolución socialista.

10. En defensa del método de El Programa de Transición. El programa de transición es un programa que partiendo de la situación objetiva y tomando en cuenta la consciencia del proletariado, elabora política, y tácticas, y orienta consignas articuladas de forma tal que partiendo de las necesidades del proletariado lo ayude en la lucha política práctica inmediata en las diferentes situaciones de la lucha de clases a avanzar su consciencia política de clase en sentido de la revolución socialista. Buscando así tender un puente entre la situación objetiva actual y las tareas de la vanguardia proletaria, para resolver la situación de forma favorable a los trabajadores con la construcción del partido obrero revolucionario y por la conquista del poder. La importancia del método de El Programa de Transición reside en que parte de la situación objetiva de decadencia y descomposición del capitalismo y por eso mismo plantea un programa cuyas consignas centrales, las transicionales, no pueden ser llevadas adelante más que con la clase obrera en el poder. Terminando así con la división del programa de meras reformas inmediatas, y el programa abstracto de un socialismo para un tiempo futuro indeterminado. Quien rompe la lógica interna de El Programa de Transición no puede caer más que en un propagandismo abstracto o en el mero reformismo por más que use palabras radicales.

11. Contra la capitulación al régimen democrático burgués. La burguesía domina con el fusil o con el engaño; la democracia burguesa es un engaño, es un cebo, es una trampa para los trabajadores –detrás de los visibles políticos burgueses, con sus mentiras ampliamente financiadas, se esconden los empresarios y los intereses imperialistas–, y al mismo tiempo la democracia burguesa es el mejor régimen en el capitalismo que tiene la clase obrera para luchar por sus derechos y conquistas, al decir de Lenin. Es las dos cosas al mismo tiempo, por eso es muy importante saber usarla dando la pelea también en el plano electora, hablándole ya no a cientos o a algunos miles, sino a millones; pero nunca depositando expectativas en que en el marco de este régimen, o sea, en el marco del capitalismo, se puedan solucionar los problemas más importantes; trabajo, salarios decentes, viviendas, salud de calidad para todos, incluso inseguridad y menos aún la corrupción. Las elecciones burguesas no son para presentar programas realizables por más que se diga con la lucha, son para hacer propaganda socialista y revolucionaria para, al decir de Lenin, hacer un recuento globular de glóbulos rojos. Los revolucionarios deben presentarse a elecciones con una plataforma electoral y diciendo claramente que ninguno de los problemas más importantes, de dicha plataforma, pueden ser solucionados sin que los trabajadores conquisten el poder. Diciendo que se pide el voto para construir esa herramienta. Pero no por un Gobierno obrero o un Gobierno obrero y popular que da a entender la posibilidad de que en el marco del sistema y su régimen, sin revolución, los trabajadores pueden solucionar sus problemas más importantes; sino, por un Gobierno Revolucionario de los Trabajadores, en el sentido de la Dictadura Revolucionaria del Proletariado.

12. Por una estrategia soviética. En toda situación revolucionaria o pre-revolucionaria avanzada, es deber de todo grupo o partido desarrollar, extender, coordinar, centralizar y armar los organismos de democracia obrera y autodeterminación de las masas –comités de lucha, consejos obreros, comisiones internas y sindicatos o seccionales combativas, etc., etc.–, que expresen la tendencia de las masas a establecer un régimen de doble poder. Es decir, no es un partido revolucionario el partido que cuando comienza una revolución no lucha por el poder y por la perspectiva de la dictadura del proletariado.

13. Contra el revisionismo que se dice trotskista. Rechazamos al seudotrotskismo (o al centrismo y al oportunismo que se dice trotskista) que habla de revolución pero en la práctica se subordina a los aparatos reformistas y al régimen democrático burgués, incluso en los países imperialistas, capitulándole así a su propio imperialismo. El SU mandelista, la CI-AITP lambertista, la LIT y la UIT morenistas, la UCI-LO hardysta, la FT-CI albamontista, la TSI cliffista, el CIT, el CMI o el CMR grantistas, el CRCI altamirista, el CE-POR lorista, la L5I y RCIT exWorkers Power, y las variantes del Espartaquismo, etc., etc. Representan, como centristas y oportunistas, la claudicación y el paso, en su gran mayoría, al campo lindante al reformismo, cuando no al mismo reformismo. O incluso algunas corrientes menores con sus concepciones de Frente Único Anti-imperialista, le capitulan a las direcciones políticas burguesas o stalinistas/frente-populistas, en el mundo semi-colonial; quienes serían supuestamente “anti-imperialistas”; abandonado así el programa de clase.

14. Por el internacionalismo y la Internacional. Pero que muchas corrientes internacionales hayan capitulado no significa que en el nacional-trotskismo –o el trotskismo solamente en el marco nacional–esté la solución en la lucha por la emancipación del proletariado. Todo lo contrario, aisladamente, un grupo o partido nacional está mucho más expuesto a desviaciones, o sea, a que las presiones sociales y políticas se manifiesten en las elaboraciones y en el régimen interno, y por ende en la formación de sus miembros, en la política y en la intervención misma. Si los grupos, tendencias o fracciones, que rompen enfrentando las capitulaciones de los partidos o corrientes internacionales centristas u oportunistas, no se orientan hacia la construcción internacional, igualmente degenerarán indefectiblemente, o desaparecerán. Es una ley de hierro; porque lo que no avanza retrocede.

15. En lucha por un marxismo principista y por la construcción de partidos obreros para la revolución. Rechazamos al oportunismo pragmático sin principios que disocia los principios de la táctica y a la táctica de la estrategia –que apoyan o hacen alianzas electorales con partidos burgueses o pequeño burgueses o realizar entrismos en organizaciones políticas cruzando la frontera de clase–, tanto como al sectarismo estéril que se niega a tener tácticas. Los oportunistas revisionistas son muy propensos a no realizar balances políticos ni extraer lecciones de su propia intervención en una huida movimientista hacia adelante, y por lo general le capitulan principalmente a la democracia burguesa (y a su propio imperialismo en Europa y los EE.UU.). Los sectarios confunden la historia con la política y siempre miran hacia atrás, no para aprender cómo debería ser, sino para delimitarse permanentemente del resto, para diferenciarse. Las más de las veces sus críticas son en apariencia correctas porque están muy pensadas, sobretodo porque no han tenido mayor iniciativa que la de pensar la praxis pasada o las respuestas dadas por los demás. Otras veces ocultan o se desligan oportunistamente de su propio pasado atacando a diestra y siniestra para, solapadamente, autoproclamarse como los únicos leninistas-trotskistas. Rechazamos tanto al oportunismo pragmático y revisionista como al sectarismo estéril y autoproclamado. ¡Por un marxismo principista que se construya en las luchas, aprendiendo de los errores, y mirando hacia adelante en lucha por una Internacional Comunista Obrera y Revolucionaria!

Sabemos que este marco internacional y estas bases de principio son fundamentales pero, seguramente, están lejos de no poder ser mejoradas, por lo tanto están también en discusión para cualquier grupo, partido o corriente que esté de acuerdo en general y que quiera discutir dicho marco o cualquier punto de las bases en particular. En ese sentido bregamos por la más amplia y franca discusión manteniendo el respeto y la fraternidad revolucionaria. Y, al mismo tiempo, ningún grupo de este comité organizador se puede negar a discutir la política que lleva adelante frente a la requisitoria de cualquier grupo adherido a éste comité. De esta forma empezamos a poner en práctica la democracia y el debate político entre los que apostamos a poner en pie una Internacional Comunista, Obrera y Revolucionaria.

¡¡¡Abajo la opresión, la explotación, la miseria y la xenofobia que crea
el capitalismo mundial en descomposición!!!

¡¡¡Por una Internacional Comunista Obrera y Revolucionaria!!!
(Bajo el legado teórico-programático de la IVª Internacional)

Movimiento al Socialismo          Liga Comunista de los Trabajadores
                  Rusia                                                        Argentina

                        Fracción Trotskista-Vanguardia Proletaria   
                                                      Brasil
                                                                                                                              

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