martes, 20 de diciembre de 2016

Los femicidios también son crímenes capitalistas



Las grandes movilizaciones del movimiento Ni Una Menos contra los crímenes llamados femicidios, siendo altamente progresivas no terminan de encontrar salida a la cuestión, más allá del intento de crear consciencia en la población. Sin embargo, tanto las violaciones seguidas de muerte como los crímenes que se producen por parejas o ex-parejas, no parecen menguar. De año a año las estadísticas siguen demostrando números más alarmantes aún.
La brutal violación y asesinato de Lucía Pérez, una adolescente de 16 años, derivó en el llamado del movimiento Ni Una Menos (y los principales partidos de izquierda) a un Paro nacional de mujeres, el miércoles 19 de octubre, que consistió en el abandono de tareas y movilización de mujeres de sus trabajos (sobre todo en estructuras del Estado) de 13 a 14 horas, concentrándose en el Obelisco y marchando a Plaza de Mayo a las 17hs.
  Las grandes movilizaciones del movimiento Ni Una Menos contra los crímenes llamados femicidios, siendo altamente progresivas no termina de encontrar salida a la cuestión más allá del intento de crear consciencia en la población. Sin embargo tanto las violaciones seguidas de crímenes como los crímenes que se producen por parejas o ex-parejas no parecen menguar. De año a año las estadísticas siguen demostrando números más alarmantes aún.
La brutal violación y asesinato de Lucía Pérez, una adolescente de 16 años, derivó en el llamado del movimiento Ni Una Menos (y los principales partidos de izquierda) a un Paro nacional de mujeres, el miércoles 19 de octubre, que consistió en el abandono de mujeres de trabajo, de 13 a 14 horas, y a ir a una concentración en el Obelisco con marcha a Plaza de Mayo a las 17hs.
 La concurrencia fue multitudinaria. Pero la izquierda, incluso la supuestamente revolucionaria (PO, PTS, IS, MST, Nuevo MAS, etc. etc.), le capituló a la dirección de este movimiento poli-clasista. Primero porque no criticó a su dirección por llamar solamente a una huelga de mujeres y no una huelga general de todos (mujeres y hombres), porque los crímenes no son privados sino públicos y de interés de todos y no sólo de un género. También porque esta exigencia a la burocracia sindical es la apuesta a la entrada en escena de la clase obrera, la única que puede doblegar al gobierno.
Estos partidos que se dicen revolucionarios debieron usar los días previos para exigirles a los burócratas sindicales a que se sumaran al paro de mujeres, llamando a parar todos contra el gobierno con un pliego de reivindicaciones sobre el tema. Por ejemplo; mayores recursos presupuestarios destinado al control del cumplimiento de las órdenes de restricción, más hogares y pensiones para mujeres que lo necesiten, remoción inmediata de todo efectivo policial que no quiera asentar denuncias por violencia o maltrato, o se nieguen a concurrir a hacer respetar las órdenes de restricción, y muchas otras medidas.
Pero nada de esto hizo la izquierda, sino que se sumó sin más al movimiento haciendo demagogia feminista, la que, independientemente de que el movimiento sea progresivo, la demagogia seguidista no lo es en absoluto; porque no señala al gobierno y a los poderes del Estado como los responsables políticos; porque no embreta ni desenmascara a la burocracia sindical y porque no busca el ingreso de la clase obrera que tome como suyo el problema.
Pero incluso, el brutal e inhumano crimen de Lucía Pérez, que detonó el paro, no fue un crimen de opresión o de violencia de pareja, sino que fue perpetrado por marginales pasadores de drogas. Se trató de un perverso crimen relacionado a la cosificación de la mujer y no con la violencia de pareja. Y dicha situación de alienación y cosificación de la mujer no se resuelve en el capitalismo.
Es esto lo que hace indispensable el ingreso de la clase obrera, porque la emancipación de la mujer irá de la mano de la emancipación obrera, para lo que es necesario la construcción de su dirección revolucionaria, que en muchas otras cuestiones, pero también en ésta, responda correctamente y no le capitule a los movimientos poli-clasistas, que por su carácter de clase pequeño-burgués no pueden sacar las conclusiones necesarias ni ir a fondo en la lucha.

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