martes, 20 de diciembre de 2016

Siria e Irak: dos pantanos



A principios de Octubre las fuerzas armadas de Irak y los Peshmerga kurdos de Barzani, junto con la ayuda militar y logística de Turquía. Inglaterra y Estados Unidos, lanzaron una ofensiva contra Daesh para recuperar Mosul, la segunda ciudad de importancia en todo el país.  Y el 5 de Noviembre, en Siria, las Fuerzas Democráticas de Siria lanzaron la operación “Ira del Eufrates” también contra Daesh, que a los pocos días se suspendió porque el grupo rebelde sirio pro-Turquía lanzo una ofensiva para tomar al-Bab. Mientras se escriben estas líneas no se sabe el posible resultado de estas batallas o sus impredecibles cambios, pero podemos estar seguros que estamos frente momentos decisivos para terminar con la revolución democrática en Siria y repartirse los mercados y zonas de influencia de este país e Irak entre los países imperialistas, Rusia y sus agentes.

En Irak

El especialista británico en Irak, el General Rupert Jones, le explico a The Guardian que “habremos terminado con Daesh en Irak para mediados del año entrante” y aclaro su desaprobación con los dichos de Trump en su campaña electoral sobre bombardear todas las posiciones del grupo. No es para menos. Daesh controla uno de los principales yacimientos petrolíferos de la región y es algo que los imperialistas no se pueden permitir perder. Pero más allá de los intereses económicos de los países imperialistas, existen los intereses geo-políticos. Los Estados Unidos están tranquilos: el gobierno iraquí necesito de su ayuda (y de la de otros países imperialistas) para empezar a derrotar a Daesh. Saben que, cualquiera sea el gobierno que quede en el poder, le deberán y mucho. No es así para el caso de Turquía, Irán y el propio Irak.
Irak no solo acordó con los Estados Unidos, Inglaterra y otros países que se apostaran ejércitos suyos como apoyo logístico contra Daesh: también se lo permitió a las Fuerzas Populares de Movilización, una milicia islámica que sigue una de sus ramas, el Shia, que es la practicada también por la mayoría en el gobierno iraquí y en sus elites patronales. El Sunni, otra rama del Islam, es la preponderante en el país. La participación de las reaccionarias FPM (que abusando de su poder, “limpian” las zonas recuperadas de personas sunníes) se da para cumplir con dos objetivos. Uno es interno, y es tratar de desplazar de la zona a los sunníes poderosos y que sean dirigidas por shiita. La otra es externa y significa una alianza con Irán y, en consecuencia, también Rusia (sin dejar de aliarse a los Estados Unidos). Esto también significa un enfrentamiento contra los poderes regionales más importantes: Turquía y Arabia Saudita, cuyos gobernantes son mayoría Sunni.
Turquía, por su parte, quiere demostrar su poder en la región. Ya se lo había demostrado a los Estados Unidos cuando logro parar el golpe de estado, y aun retiene el poder de decidir si abre la puerta del mundo islámico a Europa o no. Pero tras el golpe, Erdogan desecho a un aproximado 50% de sus fuerzas. Por eso su entrada en Siria y su intento por participar de la toma de Mosul tienen un gran interés geo-político. En el caso de Irak, Turquía no quiere que la burguesía shiita se quede con el control de todo Irak y exige que cuando Mosul sea liberado este no tenga cambios. Pero exigir no es suficiente, por eso busca la forma de tener la excusa para entrar. Los Estados Unidos no le darán su aprobación porque esto le daría más poder y necesitan debilitarla. Pero si Turquía llega a acordar con los Peshmerga de Barzani, podría entrar. En cualquier caso el gobierno iraquí ya adelanto que si Turquía entrara será considerada invasora y los combatirán.

¿Y en Siria?

En Siria la situación es otra. Tras la sangrienta guerra civil se esconde una legítima revolución democrática contra Bashar al-Assad que se expresa en los Consejos de Coordinación Locales Independientes. Pero la fuerza de este (financiado por Rusia), las fragmentaciones de los distintos grupos burgueses pro-imperialistas y el sectarismo de los kurdos de Rojava en participar en los primeros años de la misma hacen de la situación un verdadero pantano, no solo ya para la revolución en sí misma, sino también para las potencias imperialistas involucradas en Siria.
Mientras al-Assad recaptura Aleppo, las FDS lanzaron su ofensiva contra Daesh. Esta ofensiva tenia dos objetivos: el primero era avanzar hacia Raqqa, la capital del califato. El segundo es poder armar un corredor entre Efrin y el resto de Rojava. Entre estos dos puestos de los kurdos se encuentra el grupo de rebeldes que apoya Turquía en la región. Turquía necesita derrotar a los kurdos en Siria para poder vencer a si los que tiene en Bakur, al sur de su país. Pero aparte, necesita liderar el derrocamiento de Daesh y de al-Assad para consolidar su poder en la región. Por eso es que empezó con la construcción una base militar en Aktarin, Siria. También empezó recientemente el combate para tomar al-Bab de Daesh y al-Assad. Si lo logra, tendrá en su poder más terreno para evitar la unificación de Rojava. Y de allí, intentaran tomar Manbij.
Los kurdos, por su parte, también quieren tomar al-Bab y Manbij y cuentan para eso con los Consejos Locales de Manbij y al-Bab. Sin embargo, la operación de Turquía entorpeció todo y su derrota será el paso previo para que estas puedan imponerse. De ser así, las FDS estarán mejor posicionadas para vencer a Daesh y a Turquía. Pero aparte las FDS han pactado con al-Assad
Por su parte los Estados Unidos están en una encrucijada: tanto Turquía como las FDS son sus aliados en Siria, y están los dos peleados a muerte! No pueden permitir que los kurdos tengan su propio país, porque las zonas que reclaman lo harían un país poderoso regionalmente. Sin embargo, tampoco puede permitirse una victoria aplastante de Turquía por el juego propio de esta. Es por eso que Trump ha barajado la posibilidad de llegar a un acuerdo con Rusia para terminar con la guerra civil en Siria. El pantano es gigantesco, y ya no sacan redito del mismo.
Entonces, aunque Daesh este, por sus propias fuerzas, cerca de estar acabado, puede ser capaz de revertir la situación si es capaz de aprovecharse de las contradicciones de sus enemigos.
De cualquier forma, la revolución Siria será aplastada. La única salida obrera para este país es la que hemos hecho como miembros del CO-ICOR y que aparece en nuestra declaración. Para Irak, en cambio, no existe otra respuesta de clase que gritar “esta no es nuestra guerra” y luchar por el derrotismo revolucionario.

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